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NICA
Era noviembre, estaba en una gasolinera de la nacional I, cuando la vi por primera vez. Una gata carey desgarbada que parecía estar preñada. Se paseó por entre los coches hasta que la perdí de vista. Pregunté a los dependientes y no me supieron contar demasiado. Unas semanas más tarde, poniendo gasolina a la moto, la vimos los dos escabullirse entre los coches y pensamos, “pobre la van a atropellar…” A finales de febrero la vi de nuevo. Otra vez preñada. Le estaban dando de comer leche con pan y me acerqué a preguntar si era la misma gata que llevaba allí unos meses. El dependiente me dijo que sí que era ella y que sus anteriores gatitos estaban ya muy grandes. En cuanto la miré y hablé, se me subió a las rodillas y empezó a ronronear. Ya me había hecho la loca demasiado tiempo y no la iba a dejar pariendo en la calle. Así que les pregunté si me la podía llevar, que iba a cuidarla y buscarle una casa. La metí en una caja de cartón que me prestaron y al coche. Se salió de la caja antes de arrancar el motor y se sentó en el asiento de atrás. Maulló suavemente y al hablarle se vino a mis rodillas y se quedó allí todo el viaje ronroneando. La esterilizamos, desparasitamos e hicimos los análisis de rigor para saber que estaba sana. Y empecé con mi guerra psicológica para convencer en casa que nos la teníamos que quedar. A Petrohué, que tenía unos tres años, le iba a venir muy bien un compañero, y cada día estaba más segura de que Piesito y Cracra posiblemente no vendrían a vivir aquí. Y ahora está con nosotros. Tendría un año aproximadamente, nos tomamos unos días para presentarlos, ya que era imprescindible que se llevaran bien los dos gatos para poderse quedar en casa. Los gruñidos y bufidos por parte de ella cuando se vieron por primera vez nos asustaron. ¡Que antipática la chica! Chispito se desvivía en hacer payasadas y la seguía hipnotizado. Ella intentaba pararle los pies a este gato más grande que ella y tan seguro de sí mismo. En tres días eran inseparables. Y lo siguen siendo. “Nica”, gordita, gochita o como se nos
ocurra llamarla es encantadora, ronronea sin parar y es muy buena. Sinceramente, le recomendamos a todo el mundo que tenga dos gatos en vez de uno. Es un espectáculo digno de ver y del que aprender. Patricia
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