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| >Index >Historias gatunas >El medio gato | |||||||||||||||||||||||||||||||
Recogí a Morgan de la calle, bueno, de mi garaje porque se me colaba en casa a comer. ¡Pobrecito!, pensé, ¡qué hambre tiene! Así que decidí quedarme con él. Le puse un collar rosa reflectante, precioso, ¡qué guapo estaba!, para que le vieran bien los coches por la noche, y puse en él mi teléfono, esperando que, si le ocurría algo, algún alma caritativa me llamaría para avisarme. Y la llamada llegó pronto. Me llamó un chico diciéndo que un gato negro con mi número de teléfono en el collar estaba en su jardín. ¡Ahora mismo voy a por él!, le dije, pensado que le había pasado algo o que le estaba molestando. Me quedé muda cuando ese chico me dijo: No te llamo por eso, es que este gato nació aquí. Bloqueo total. Conseguí decir: Ah!. Resulta que ese pobrecito gato hambriento tenía más cara que espalda. ¿Para qué tener una casa si se pueden tener dos? (que nosotros sepamos). Su verdadero dueño me contó que había desaparecido y reaparecido con collar. Así que me llamó a ver qué le contaba. Y qué le iba a contar yo, ¡que le había mangado al gato sin querer!. Claro que esto no hubiera ocurrido si hubiera llevado collar o chip.
Gema
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