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| >Index >Historias gatunas >Misi: un fin de semana fuera de casa | |||||||||||||||||||||||||||||||
Andando por el Parque del Oeste hacia donde tenía aparcado el coche, oí un “MIAUUUU“, pero no hice mucho caso. Al avanzar unos pasos volvió a sonar. Sin duda era un gato. Se que en el Parque del Oeste hay bastantes asilvestrados. Me paré y miré alrededor, ese MIAUUU estaba llamando a alguien. Y efectivamente, entonces ví debajo de un coche, un gato grande blanco, que me miraba directamente y me maullaba. Me acerqué pensando que saldría corriendo, si no estaba atropellado… pero ni mucho menos. Me miraba y maullaba como si fuera a decirme: “ya era hora, que llevo un buen rato intentando que alguien me ayude.” Al cogerlo me di cuenta de que tenía medio cuerpo aprisionado en el motor del coche. Sólo sobresalían las patitas delanteras, el pecho y la cabeza. Se había quedado enganchado y no podía salir. Y después de un rato, revolcándome por el suelo, con toda la gente que paseaba mirándome y pensando que estaba loca, al final, conseguí sacarlo. Hay que reconocer, que el pobre colaboró bastante. Comprobamos si tenía microchip, pero no hubo suerte. Era un gatazo blanco, que ahora estaba negro por culpa del motor, castrado y tremendamente cariñoso. Tenía quemaduras en las patas y las orejas. Estaba claro que se había metido en ese coche y lo habían transportado sin darse cuenta a saber desde donde. Dejamos una nota en el parabrisas, por si se trataba de sus dueños, aunque sin muchas esperanzas. Y se lo llevó una amiga (la de Conti, Mico, Morgan...) para cuidarlo hasta decidir qué hacer con él. El pobre gato se pasó el fin de semana desubicado y apático. No había manera de quitarle la suciedad, y tampoco lo íbamos a bañar, bastante tenía ya con la aventura que estaba viviendo... El lunes nos llamó la dueña del coche: ¡No se lo podía creer y nosotros tampoco! Había visto en su calle carteles con el anuncio de: “se busca gato blanco…". Ella no se había dado ni cuenta de que llevaba un gato en el motor del coche. Se había traído al polizón desde Villaverde a Madrid. Nos dio el teléfono de los dueños y efectivamente estaban desesperados buscándolo. Les faltó tiempo para venir a recogerlo, pese a que se tuvieron que hacer más de 50 km. Se quedaron petrificados cuando lo vieron tan negro, y con sus patitas y oreja chamuscadas, no paraban de darle besos y de decir que se acabaron los paseos fuera de casa por una temporada. Misi ni reaccionó, debió pensar: "¿Y estos qué hacen aquí? ¡No tengo ni idea, pero qué bien!". Nos contaron que lo habían recogido de un sitio donde lo tenían continuamente encerrado y no le hacían ni caso. Esta historia tuvo final feliz gracias a que casualmente todos los que nos vimos involucrados pusimos nuestro granito de arena, pero os podéis dar cuenta, de lo importante que es identificar a los gatos con microchip y un collar con nuestro teléfono. Patricia
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