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PIESITO


Siempre me pregunto: “¿cómo se puede querer tanto a un gato?” . El nombre se debe a sus pies. Tiene polidactilia, es decir, nació con un dedito de más en cada pata.


Quería otro gato para que Cracra no estuviese sola y al día siguiente de comentarlo con una amiga, ya me estaba llamando para decirme que tenía un gato nuevo para mí. Lo habían encontrado metido en el motor del coche de un vecino. Me dijo que estaba sucio y a pesar de haberlo bañado para ver si se ponía más guapo, seguía igual de feíto.


Me lo trajo a casa, negro y blanco, delgaducho, con esos enormes pies comparado con lo chiquitito que era y lleno de pulgas. Lo metí en el baño para no juntarlo con Cracra y dejé la ventana abierta. Cuando volví al cabo de un rato no lo encontré por ningún sitio. ¿Era posible que hubiese saltado por la ventana? Lo busqué por todo el jardín, las casas de los vecinos, llorando desconsoladamente, porque me lo imaginaba con una pata rota, medio muerto por ahí solito… Regresé a casa para poner anuncios por toda la calle cuando oí un maullido. Le llamé y me contestó. Sonaba en el baño pero no lo veía por ningún sitio. Al final lo descubrí todo tímido, escondido en el fondo del bidé. Cerré la ventana y comenzó la mejor de las amistades.


Simplemente es el gato más bueno del mundo. Me adora y yo a él. Es muy miedoso y tiene pánico de la gente y las cosas que no conoce. Pero con nosotros es el más cariñoso, duerme abrazadito en la cama, te pide caricias y ronronea durante horas.


Hiperactivo, no para de correr saltar, trepar, cazar y le encanta que nos vayamos de paseo los dos (o tres con la Cracra, que siempre se queda rezagada y va a su aire).


Sabía que lo iba a pasar fatal con una mudanza, viviendo en una casa con un jardín mucho más pequeño y rodeado de vecinos. Así que, cuando me fui de casa, también se quedó en casa de “los abuelos”.


Patricia