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CARTA DE FUCHY


¿Os acordáis de mí? Sí, Pocholita, en mi ficha poníais: gatita hiperactiva, insociable, inadoptable y bizca perdida. Pues mira por dónde adopté hace 6 meses a una familia que me adora. Claro, que yo hago mis méritos cada día: despierto a la tropa cada mañana, no se vayan a dormir. Sí, a las 6, a veces antes, poquito a poco. Incluso los domingos, para que aprovechen bien el día. Les encanta, jugamos como locos con las almohadas (rara vez atinan).


Me estoy criando estupendamente, me como todo lo que me ponen, todo, todo, todo; las flores y las cajas de cartón me gustan menos, pero no dejo nada, no vayan a pensar que soy una desagradecida. Por las mañanas entretengo a mi madre para que ya vaya contenta a la ofi: ¿Dónde está el rimel? ¿Y mi cepillo de dientes?. Pues hija, dónde van a estar, donde siempre los dejo, debajo de la alfombra, o en la cama... Nos reímos...


La tarea más estresante es eso de defender la casa. Uf, ¡está llena de monstruos horribles! Lámparas, zapatos, escobillas, edredón!! Ese es el peor. Menos mal que tengo unas lianas en el salón estupendas para trepar y divisar todo desde lo alto, “curtinas” o algo así las llaman. Cuando llegan y me ven gritan como locos, y yo les digo: tranquilos, ya he ahuyentado yo a todo bicho viviente, pero ¡me regañan a mí!. A veces no entiendo a estos humanos, ¡parece que están a favor de los monstruos!


Y tengo un hermanito estupendo, muy grande, muy negro y blandito blandito! Se duerme de lujo encima de él.


En fin, que más feliz no puedo ser. He oído algo de una casa nueva... Y ¡ya me estoy frotando las patas! En ésta no he dejado títere con cabeza.


Bueno, me despido que tengo cosas que hacer, muchos besos a todos los chicos y chicas de ANAA. Os seguiré contando mis hazañas.


Fuchy

 

FUCHY Y EL EDREDÓN (octubre 2003)


Me levanto pronto, tengo una reunión a primera hora, estoy sola desayunando y me digo: qué paz, nadie me quita la caja de galletas, nadie mete el rabo en mi café, no puede ser real... Y efectivamente, no lo era. Oigo una batalla campal en mi cama y pienso "se estarán matando", pero no, Dumbo viene hacia mí y la gran batalla continúa. Voy al dormitorio y me encuentro un bulto sospechoso entre el edredón y la funda, que se había tirado al suelo, pero claro, sin posibilidad de salir, como un auténtica furia, histérica, con el doble de su tamaño normal, imposible meter una mano para ayudarla a salir, ¡¡¡Horrible!!!.


Bueno pues por fin, consigo sacarla, la tranquilizo, la explico lo que le ha pasado etc, etc.


Me vuelvo a por mi café, ya helado. Viene conmigo, ya se lleva la caja de galletas, y de paso la de las aspirinas y el bote de sacarina: hasta ahí todo normal. Pero se va...


Cualquier animal cuasi doméstico de estos que tenemos en las casas, aprende, y no vuelve a meterse donde no le llaman, al menos por miedo. Pero mi Fuchy es tan especial... ni dos minutos ha tardado, oigo el griterío de nuevo, no me lo podía creer, voy corriendo, y de nuevo el edredón andando por el dormitorio. La muy hija de su madre claro que ha aprendido, ha aprendido a entrar y ahora también a salir, también ha aprendido un nuevo modo de montarla y encima se ha dado cuenta de lo divertido que es estar ahí metida y tirarse a las piernas/patas de todo el que pasa. ¡¡¡Fantástico el jueguecito!!! Y olvídate de sacarla claro, con lo divertido que es su nuevo descubrimiento, apasionante.


Espero que esta noche no haga mucho frío, si lo hace vamos a tener que encender una fogata, no queda ni una pluma dentro del edredón. ¿A que es genial mi chica?


Y yo todo el día preocupada por su cicatriz y a la muy... sólo le falta hacer puenting.



Bea

 

FUCHY Y LOS MONSTRUOS QUE HAY EN CASA (octubre 2003)


Hoy he llegado a las 9:45, y entre otras cositas, lo más heavy: entro en el baño y me encuentro detrás del water un rabo, pero como de ardilla, enorme, y unos ruidos... muy familiares (fu,fu,fu,fu,fu... 30 fus en décimas de segundo). Se habrá metido un bicho, pienso yo. Pues no, el monstruo era hoy la escobilla del water. Y al ritmo de fu, zarpazo va, zarpazo viene, tremendos los monstruos que tengo en casa, la pobrecita no gana para sustos.


¿Y el otro día? Me estoy vistiendo y la veo enfrente de mí, de pie, con los brazos abiertos, erizada y pegando al aire. Me estaba poniendo unas medias de esas ortopédicas (las de la circulación). Sí, ya sé que son feas, pero de ahí a ponerse a luchar contra mi pie como una fiera... Otro día que llegué tarde y con las medias rotas. Y el pobre Dumbo, que como yo no escarmienta, viene siempre corriendo a ver qué le pasa, y cuando la ve en semejante actitud, se tapa los ojos y se va diciendo: todavía no hemos visto nada, ¡la que nos espera con ésta!.


Sin embargo el secador, que les da miedo a todos los gatos, pues no, a ella le chifla ver cómo me seco el pelo, y mientras tanto subida en el lavabo puede jugar con el cable o con mi pelo, muy divertido.


Y cuando te encuentras la bolsa del pan en el suelo, que debía estar encima del microondas, ya sabes que otra vez está buscando el dinero de la asistenta, que cada día lo tenemos que esconder más.


PD: No me llaméis más al teléfono fijo de casa, no lo encontramos. (eso por dejar ayer el salón abierto).



Bea

 

¡QUE NOS PILLAN! (noviembre 2003)


Dumbo: A ver qué hay por aquí, que le entretiene tanto a ésta por las mañanas... Uy, ¡que me caigo!


Fuchy: ¿Pero qué haces so zopenco? Se sube por aquí, tiras la toalla, que no sé qué hace encima del water, por cierto, y de ahí al lavabo.


¡¡¡Cataclas!!!


Fuchy: Nada, no te preocupes, se caen siempre, son las pinturas, déjalas ahí y luego jugamos.


¡¡¡Plaf!!!


Dumbo: ¿Qué pasa ahora?


Fuchy: Hijo, que con ese rabo tan raro que tienes has tirado todo. ¡Qué bestia!


Dumbo: Y ¿no habrás sido tú? ¡Tú es que no te has mirado al espejo, rica!


Fuchy: ¡Espeejo! ¡Qué guay! Mira hay dos gatos ahí ¡Toma, toma, toma!


¡¡¡Cataplof!!!


Fuchy: ¡Ahí va! ¿Qué es esto? Mira cómo rueda, ¡anda! Al suelo.


Dumbo: ¿A ver? Uy ¿y eso que sale? Lo voy a tocar...


Fuchy: ¡Qué ascazo, tío! ¡Aparta eso de mí! Si huele como a jabón... ¡Agggggggg! Pero ¡no sacudas la pata, guarro! ¡Asqueroso! Ya me has pringado a mí también... Me parece que se abre la ducha... ¡Nos han pillado...! ¡Corre, corre más rápido!


Dumbo: ¡No puedo!, esto resbala...


Fuchy: (pues mejor, así le pillan a él y yo me libro...). Déjate coger, anda, que te lave rápido, así se le olvida... (Madre mía cómo ha puesto el suelo, anda que la pared...)


Dumbo: Miauuuuuuuu, miauuuuuuuuuu (jodía gata, ¡quien me mandará meter las narices dónde las mete ella!)


Fuchy: Vaya pinta que tienes todo mojado, ja, ja. Me parto.


Dumbo: Métete en tus asuntos, bonita, yo me voy a la cama un rato.


Fuchy: (chachi!!!, a jugar!!!!).


¡¡¡¡Pumba!!!


Dumbo: ¡¡¡Ahhhhhhhh, me vas a matar de un susto!!!


Fuchy: ¿Esto es lo que llaman el salto de la tigresa? Es hiper mega divertido.


Dumbo: Estate quietecita un rato, preciosa, a ver si cuela y nos dejan el dormitorio abierto. Claro que como vuelvas a colgarte de las cortinas como ayer... mal lo llevamos.


Fuchy: Jo, qué aburrido eres, me voy a buscar diversión por otro lado... ¡¡Bueno, bueno, bueno!!, no te lo vas a creer, la puerta del baño del calvo abierta. .. ¡Qué flipe!


Dumbo: ¡Ni se te ocurra! Por Dios, que esta vez nos la cargamos de verdad.


Fuchy: Pero si se ha ido de viaje, mira, mira, ¡ups! Algo que pincha... ¡al suelo! Tapón, ¿lo arranco?


Dumbo: ¿Pero ya se te ha olvidado que casi te llevan a urgencias el día que te dio por jugar con la cuchillita?


Fuchy: Anda ya, pasmarote, que te den... ¡Sooy la reeina de los maares...!


Dumbo: Eres un pendón "desorejao", eso es lo que eres.


Fuchy: Y tú más.


Dumbo: No tú más.


Fuchy: Tú más, tú más, tú más... ¡Ostras, alguien viene, a correr!


Dumbo: Anda, anda, métete aquí debajo de mi brazo, que eso le gusta, se cree que nos amamos, ¡y quietecita! ¡Y muda! Pero jodía, cierra los ojos, o por lo menos no te pongas tan bizca, que pareces más mala todavía. (¡Qué susto de tía!).


¡¡Silencio!!


¡Plaf!


Fuchy: ¿Eso ha sido la puerta? Genial, ¡se la hemos vuelto a pegar! ¡A jugar ! Me voy a por el centro de flores del salón, te vienes?


Dumbo: ¡Menudo zorrón estás hecha!


Bea

 

APRENDIENDO INFORMÁTICA (diciembre 2003)


Pues sí, sucedió el domingo, esa afición que le ha entrado ahora por la informática le iba a costar algún disgusto. Desde el día que descubrió el ordenador ya no vive para otra cosa, pulsar todas las teclas a la vez y ver como se mueven cosas por la pantalla debe ser flipante. Al principio con mucho miedo perseguía a esa bestia enemiga llamada... ¡cursor!. Como una loca, no lo puede dejar escapar (mi pantalla inmaculada... todavía nuevecita...), es como los niños, se mete por detrás del ordenador a buscarle cuando desaparece. Al principio era una especie de obsesión, entrábamos en casa y ella sin inmutarse, pegada a la pantalla, a ver si iba a salir el cursor y ella se lo iba a perder. Después, y previas broncas de su padre, ya se fue relajando.


Pero claro, con su madre es diferente. Les digo: "me voy a poner un ratito con la conta", y ya va ella, disparada, tiene que llegar antes que yo.


Bueno pues el domingo me tenía que ayudar más de la cuenta: "MC, factura del albergue 660" y ella "que no, que es la 99999999999ffffffffffffffffjjjjjjjjjjjjjjjjjrrrrrrrrrrrrrrrlllll". Con el importe lo mismo. Tres horitas para contabilizar una factura. Se acuesta encima de la carpeta, en frente de la pantalla para verlo todo mejor. Por cierto, que no sé qué perfume le echas a las facturas, Emma, se vuelve loca, las abraza todas a la vez, las muerde (el nº de proveedor todavía se ve, por si hay que pedir duplicados), pero todo ésto como fuera de sí, no como una gatita normal.


Y venga paseíto, facturas, pantalla, morder todo, ratón, vuelta para acá, para allá y, ¡adiós!, descubre la lamparita, que lleva ahí 6000 años pero ella la descubrió el domingo. Y venga a pegar los morros, pero no por fuera, no, por la bombillita, que es pequeña pero quema de su padre. Pues a ella parece que no. Y por más que la quitaba, imposible, cuando se obsesiona con algo no hay manera. Ya le dije: "como te quemes el morro no vas a poder comer", y eso ya parece que le afectó más, se lo pensó, y se dio la vuelta, y venga paseíto va, paseíto viene.


Y ya se pasó un ratito entretenida con el nuevo descubrimiento, y yo feliz porque así me dejaba contabilizar. Al rato empiezo a oler a quemado, pero no me sorprendió porque había estado cocinando mientras contabilizaba (sin comentarios); el caso es que el olor parece que es a pollo quemado, y yo no estaba haciendo pollo, la miro y la veo con el rabo metido en la lámpara, rodeada de una nube de humo inmensa, chisporroteando, y la chica tan fresca, oye como si no fuera con ella. De ahí su nuevo apodo, "Fuchy rabo pelao", pero de verdad que a ella ni fu ni fa, ni se enteró, ni sabía porque estaba yo chillando... lo que digo, que gatita tan especial me habéis dado.



Bea

COMPORTAMIENTOS PARANORMALES (diciembre 2003)


1. Sábado, día de niebla: abro la terraza, salgo y ella corriendo como una bala al fresquito, cuando de repente se da cuenta de que Madrid ha desaparecido, se queda flipando, se frota los ojos, nada, ¡Dios mío, que ahora sí que me he quedado cegatona de verdad, ¡horror! Le digo: hija, que no es el san bernardo de Heidi, que es sólo un fenómeno meteorológico. Y eso le debió sonar todavía peor, corriendo como loca a esconderse, debajo de la cama ya no cabe, pero lo más alejada posible de la terraza.


Al rato Dumbo sale, y segundo intento, ella toda valiente (con el rabo entre las patas y pegada al culo de su hermano). Inmóvil, oliendo el suelo, se despista y Dumbo que se ha vuelto muy friolero se mete, y de pronto se encuentra allí sola frente al peligro, bueno, corría como si tuviera 10 patas, y a lo alto del árbol, en la otra punta de la casa, no bajó en varias horas, ¡qué susto más grande!


Como nieve este año me forro con el vídeo que voy a grabar.


2. Hierba gatera: todavía no sabe qué hacer con ella, observa a Dumbo detenidamente, cabeza con cabeza (es por lo de la vista), pero no acaba de pillarlo, ella tira y tira, vuelca todo, y cuando por fin consigue arrancar una hierbita, ¡a jugar! Mira cómo Dumbo se las come, entonces ella le imita pero le da asco, y ¡otra vez a jugar! así llevamos un par de meses.


Bueno, su nombre al menos ya se lo ha aprendido, no está mal, 6 meses; pero claro, no toda la culpa es suya, le llamamos de tantas formas raras...


3. WC gatuno: las visitas me dicen, ¿no crees que les gustaría más la tierra dentro de la caja? No contesto. Mira que he tenido gatos en casa, pero el afán que tiene ella por excavar hasta el sótano no lo entiendo; que tarde 20 minutos cada vez que entra tampoco. Que mi cocina parezca un estercolero, tampoco. Gema, creo que ni con tu caja, voy a comprar una de metro y medio de alto, la pondré una escalerita para entrar y salir.


4. Esto no sé cómo definirlo. Fuchy, todas, absolutamente todas las noches intenta tirarse a Dumbo. Sí, en el sentido más pornográfico de la palabra. Estamos todos viendo la tele y llega ella, le monta, por donde puede, ha probado todas las posturas: para mí que se engancha todas las noches a la porno del Plus y está intentando todo lo que ve. Primero prueba la postura ortodoxa (para un macho, claro), luego se va dando la vuelta, se quedan en cruz, y ella sigue, dale que te pego, Dumbo alucina, la mira de reojo, ¡ya está aquí la plasta!. Otras veces se gira del todo, en plan 69 vamos, y Dumbo ya se cabrea, ¡venga hombre! con el rabo en la cara y oliendo a culo de mono, el otro día la mordió porque ya le tiene hasta las pelotitas. (Mira bonita, bastante es ya que no podamos chaca chaca, como para que lo estés recordando todos los días).


Lo peor es que al final Dumbo ha entrado al trapo, ayer por la noche, nosotros cenado y en la butaca del fondo 69 total, impresionante, y después de dejarse los dos culos relucientes, acarameladitos haciendo intercambio de lenguas. ¡Tengo dos gatos que son unos asquerosos!. Pero ha sido ella la que ha traído el vicio a casa.


Chicas, ¿seguro que no se dio un golpe muy fuerte en la cabeza mientras estuvo en el albergue?


A todos, ¿conocéis algún buen psiquiatra animal? Todo esto debe tener alguna explicación, no sé si entendible para la mente humana, pero alguna explicación debe haber.


¿Y la socia que la trajo? ¿No dice nada? Estoy convencida de que esto debe ser genético. ¿Y sus hermanitos, cómo son?. Y ¿su madre?, a la que tenemos en mente muy a menudo, ¿como sería su madre?


Bea

 
LLEGO TARDE (enero 2004)


He llegado a la oficina a las 10, y al borde del ataque de histeria.


Me he levantado a las 7, tenía que ir a rehabilitación como siempre, pero, la verdad, no me apetecía, y me entra el agobio del IVA. Entonces me digo: voy a ver si me bajo todos los mail con los datos del trimestre, que a esta hora no debe estar mal la línea, y voy avanzando. Nos conectamos, porque desde que lo he dicho ya está ella pegada a la pantalla. Y me encuentro el mail de Pilar, con todos los datos de las subvenciones, factura por factura.


Im presionante. A esa hora que se tiene la mente más despejada, me da por calcular, para arriba, para abajo, no mejor así (y Fuchy, que no, mejor asá). Se ha comido un calendario de cartón que estaba a la derecha de la pantalla, los recibos de septiembre le supieron a poco. A pesar de las dificultades técnicas, (rabo por la pantalla, rabo quemándose otra vez en la lámpara, ahora me llevo la alfombrilla, ahora me acuesto en el ratón, y si no muerdo manos, o pies, o lo que sea...) he dejado el IVA bastante calculado, sólo para darle una última pensada y allá va. Pero claro, con tanto ajetreo se me ha ido el santo al cielo, eran las 9:10, y yo seguía en el ordenador, sin ducharme, sin vestirme...


Y las prisas que nunca son buenas, y la ayudante, tampoco. Ducha a toda leche, y alguien llevándose cosas de la encimera; no tenía tiempo ni para regañarla. Me pongo a arreglarme y... ¡el colirio ha desaparecido! mi colirio, que no puedo vivir sin él, y lo sabe, que me levanto con los ojos pegados, pues nada, por detrás de las puertas, por debajo de los muebles... nada. He encontrado otras cosas, una pinza del pelo, un cepillo de dientes que no utilizo, un bastoncillo que le había llevado a Dumbo, y absolutamente irreconocible... de todo menos mi colirio.


Cada vez más tarde, sin saber qué ponerme, y claro, coges algo sin un botón, fuera, otro pantalón... descosido... y así, las cosas de las prisas. Ya me visto, por cierto, que cuando he llegado a la oficina y he visto las arrugas del jersey... debe ser uno de los que tenía ya para el albergue, pero...


Bueno pues sigo, a toda leche, me voy a ir, un gato localizado, el de siempre, y una gata ilocalizable, la de siempre, desmantela la casa entera, vuelve a abrir puertas, camas, duchas, nada y, en el último sitio que miras, ahí está, dentro del armario, pero no donde siempre, que ya había mirado, no, en otro hueco, para despistar (h.p...!!!).


La insulto, la saco, cojo mis llaves, el mando del garaje y... ¿ la radio? ¿dónde coño está la radio? La carátula, de 2 x 2 cm, ¡búscala!. La miro de tal manera que se lo ha olido, se sube al último piso del árbol, a descojonarse la cabrona, yo tirada por el suelo, mi pantalón negro, blanco (la asistenta lleva 2 días sin venir así que ni te cuento, y yo de negro). Mirando debajo del mueble y metiendo una regla para ver si estaba debajo, y no paraba de salir cosas, (anda que a la asistenta ya la vale, también), todo menos mi radio. Buscando por todas partes, ya Dumbo se ha unido al cachondeo, los dos partidos de la risa y yo a punto de asesinar. Yo, sin mi radio, 40 minutos de atasco diario... la descuartizo como no aparezca.


Me voy a casa, primero a cambiar el pienso que debía haber comprado ayer por matarratas, y luego a abrirla en canal a ver si también se ha comido mi radio.



Bea

 

VAMOS A RECOGER LA CASA (mayo 2004)


Ayer me llama la asistenta, que no viene hoy. Bueno, pues me levanto antes y recojo un poco, pensé. A las 7:00... un sueño!, vamos que paso de levantarme, pensé. Ja,ja. El despertador automático, a dos centímetros de mi nariz: mimimimimimi, mimimi, y si no contesto, a morderme la cara, flojito, pero incordiando.


Venga pues me levanto y recojo. El tiempo que tardo yo en recoger es inversamente proporcional al que tarda ella en volver a tirar todo, es cuestión de segundos. Abro las dos terrazas para ventilar, bueno, qué mejor forma de estirar las patas: se sale por una, se entra por la otra, volando al árbol, de cabeza al suelo y otra vez a empezar, arrasando por donde pasa. Y encima gritando, y yo detrás de ella: ¡Fuchy, los vecinos! Da todo igual. (¿Cómo es posible que engorde?). Cuando está en ese plan no hay quien la pare, es como el peor de los terremotos.


Mientras tanto recojo su cuarto, (he pensado: las alfombras, casi las dejo ya en el pasillo, que es dónde las voy a encontrar). Coloco todos los juguetes, y le dejo su rata favorita en el suelo. Si, si, ratitas a la niña, cuando me estaba duchando oigo ruidos desgarradores, ¿cuál es el juguete favorito? pues un sobre bien grande ahora medio comido con todos los curriculums, que estaba encima del mueble. ¿Para qué juguetitos de gato? ¿No tendréis alguna enciclopedia vieja, de 35 tomos, que se haya quedado obsoleta? El idioma da igual, ella es muy lista.


Vuelve a despertar a los vecinos, aprovecho que Dumbo está un poco mimoso y le abro un pienso nuevo (¡para él!). La gorda que lo oye, patas para que os quiero, aterriza encima del plato volcando todo, Dumbo cabreado se va. Bueno, por lo menos eso no lo he tenido que barrer, no ha dejado nada.


Me ve que voy a cambiar la tierra de su cajita y espera, le digo entra ya bonita, y me mira como diciendo: que te crees tú que voy a meterme en esa pocilga, tú limpia bien que luego ya entro y arraso. Le hago esperar, pero la tía nada, ahí pegadita y esperando. Vacío, desinfecto, cambio, todo en orden, se había ido a por los vecinos otra vez, lo oye, vuela hasta la cocina con tan mala suerte que pisa justo en el borde y vuelca todo, prácticamente toda la tierra fuera; obviamente la cocina ya estaba barrida.


Pero lo mejor me lo dejaba para el final: ¿dónde se limpia mi gatita su culito? ¡Si hombre! Como los gatos normales, ¡qué asco!. Mejor se restriega bien en la cama recién hecha, la muy ¡¡¡PUERCA!!!.


Conclusión: he llegado a la ofi más tarde que nunca. Lo mejor va a ser cuando llegue Paco, le había dejado una nota (antes de todo esto claro), por si llegaba él antes: Lavadora preparada, casa ventilada; todo barrido y recogido. Va a flipar.


Decidme, ¿qué hago con la niña? ¿picadillo?



Bea

 

¡¡¡ARRIBA, QUE HAY QUE LEVANTARSE!!! (junio 2004)


Me despierto una mañana más, con unas energías desorbitantes y me pregunto: ¿qué puedo hacer hoy para que nos echemos unas risas?. ¿Vaciar la caja de arena?, uf, mucho trabajo, ¿morder a Dumbo?, muy repetitivo, ¿llevarme el cepillo de dientes?, es que está hecho polvo ya... ¿Las cortinas? sí, ¿pero de donde me cuelgo, si apenas quedan unos hilitos? No sé, de momento voy a despertar a mi madre, no se vaya a dormir: mimimimimi... MIMIMIMIMI...


MIMIMIMIMIMI. ahhhhhhhhhh, hija por Dios, ¡qué carácter! ¡vaya patadón!. Sí, ya sé, a mí tampoco me gusta que me salten en la tripa, pero he adelgazado 10 gramos ya.


Ahí va, que se me duerme... MIMIMIMIMIMIMIMIMI. No tengo más remedio que morder piernas, ésto nunca falla. ¡¡Allá voy!!


- Fuchy ¡que te mato!


¡A la carga otra vez! ¡Anda..., si no son las 7, son las 6!. Me voy que me van a caer... me voy a por los vecinos, claro.


¡VECINOOOOOOOOS! ¡VECINOOOOOOOOOS!


- ¡¡¡¡¡¡¡FUCHY!!!!!!!!.


Ya se va animando, ya parece que se levanta. (Vaya careto lleva, cualquiera le dice nada). Para que vea que soy buena le voy a llevar el café a la cama.


Uy, no puedo, ni por aquí, ni por allá, ahí se queda, al borde de la mesa. Pues me sentaré a hacerle compañía mientras desayuna.


Y ¿ahora qué pasa? Dos centímetros no es suficiente distancia, ¿no? Ya estamos con las chorraditas de siempre. Vale, pues déjame la caja de galletas y me callo. No, si a mí no me gustan, son para Dumbo, le encantan, yo se las llevo y... ¿Y ahora que le pasa? uy pobre, qué arcadas... pero ¿qué dice ahora de pelos de gata en el café? si hombre, otra vez yo ¿no? como siempre. ¡Qué asco de casa! Me largo. Bueno, a la terraza.


Mira, ahí viene, llega la fase de mimos, ¡guay!, Toma restregón, ahora por aquí, por allá, todos para mí, cómo mola... bueno ya vale, a ver si va a pensar que soy sociable.


- Achís, achís, achís.


Vale, ahora sí que se ha acabado. La culpa la tiene mi padre, porque el otro día le oí decir: "¿alergia? no me extraña, este animal no puede traer nada bueno".


Ya viene otra vez con el Betadine a por el pobre Dumbo, qué plasta, ella todo el día enguarrinando y yo después limpiando, con lo mal que sabe. ¿Qué quieres, otra calva? Espera que se la hago ahora mismo, mira... ¡RAS! hala, echa Betadine ahí también, plasta...


Pero... ¿qué pasa ahora? ¿a dónde me lleva? Otra vez castigada yo, ¿no? ¡Qué injusta es la vida!


Yo que sólo quería pasarlo un poco bien y mira ... Ah! ya sé como reconciliarnos. Le voy a sacar la ropa del armario, para que no tenga que pensar qué se pone. Esto no, esto sí... ¡MOSQUITO A LA VISTA en la ventana! ¡CORRECAMINOS, MIC, MIC! (para que luego digan que no veo). Eh? ah hola, estabas aquí?. (osú cómo ha quedado la falda, si parecen las cortinas...). Me subo al árbol, seguro que también tengo la culpa yo...


Ya se ha ido, y sólo ha tardado 1 hora 45 minutos en salir de casa. Estoy desentrenada, tengo que practicar.



Bea