EL ASPIRADOR


¿Habéis visto alguna vez un gato que le guste el aspirador? ¡Yo sí! ¡A Conti le encanta! Un día, pasando el aspirador, Conti se pone delante, y no paraba de maullar. Y yo: quita, que estás en medio y tengo que limpiar ahí. Y él: que no, que no me quito. Y yo: que te quites, pesado, que al final te paso el aspirador. Y él: vale, pues pásamelo de una vez, que es lo que te estoy pidiendo desde hace rato, que no te enteras. Empecé a pasarle el aspirador, y él tumbado, ahora por aquí, me doy un poquito la vuelta, ahora por allá, ahora me como el tubo, ahora pásamelo por la barriga… Así que desde hace tiempo, además de cepillarle de vez en cuando, le paso el aspirador ¡Le encanta! Y la verdad, para los pelos, viene muy bien.


Gema

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LOS REGALITOS DE CONTI


Desde hace tiempo Conti me trae regalitos de vez en cuando: pajaritos, ratoncitos, culebras, murciélagos… A mí no me hace ninguna gracia, pero él insiste, debe pensar que me hace unos regalos estupendos. Un día llegaba yo a casa de trabajar agotada, de noche, y veo que deja algo al otro lado de la gatera. Yo no veía nada, y metí la mano sin saber si iba a coger una rata o un ornitorrinco (hubiera sido un puntazo que hubiera sido un ornitorrinco, pero de momento Conti no está muy ducho en viajes astrales a Australia…) y me quedé alucinada cuando vi lo que tenía en la mano: ¡un búho pequeñito!


¡Qué mono era! Miré en un libro de aves que tengo y, aunque no estaba 100% segura, pensé que era un mochuelo. Aparentemente no tenía nada (yo como no entiendo de aves, le veía enterito, movía las alas…). Lo saqué a la terraza a ver si echaba a volar y el pobre cayó en picado. ¡Menudo tortazo, pobrecito! Llamé a un amigo biólogo que controla mucho de aves (ha montado www.fotonatura.org, echadle un ojo, hay unas fotos impresionantes) para ver si me daba alguna idea de qué hacer. Y me dijo que llamara a Brinzal (www.brinzal.org). Así que al día siguiente les llamé y lo recogieron. Resultó ser un autillo. Se debió dar un golpe contra una ventana y se quedó atontado. Al pobre le pasó de todo: una fractura, un virus… Y en Brinzal le hicieron de todo: radiografías, analíticas, medicación… Yo llamaba de vez en cuando a ver qué tal iba y ellos me contaban que estaba mejor, peor, mejor… Hasta que al cabo de 3 meses le pudimos soltar. Yo lo había apadrinado (qué menos, después de lo que se lo estaban currando en Brinzal) y corresponde al padrino soltar a su ahijado cuando llega el momento. Así que el día de la suelta allí que me fui encantada de la vida. No sabéis el gusto que me dio verle volar, posarse en una ramita y empezar a llamar a otros autillos. De hecho, pronto van a soltar búhos reales ¡y eso sí que no me lo pierdo ni loca!


Así que Conti le salvó la vida. Si no me lo hubiera traído (sin un rasguño, por cierto) seguro que habría acabado en la panza de algún gato que pasara por allí…



Gema